La clasificación mortificando la duda, convirtiendo silencios que eran palabras en palabras que ahora son silencio muerto.
Tu mano. tu mano, tu mano.
Olvidé la memorización minuciosa de cada poro y su significado.
Se propaga en el aire la decisión contrapuesta a la tomada y me susurra en el oído cínicamente. Pies y alas funcionando simultáneamente, justificando espacios, respuestas, espasmos.
Estúpida esa voz que te detiene, esa mano frío, helada, que te detiene el impulso espontáneo apoyándose en tu hombro el segundo antes de nacer.
. . .
Ardiendo los párpados. Todo lo que sé de memoria y no entiendo. Lección oral de tu contexto. Pared, puerta, ventana, ruido de cacerolas afuera, Cristina muy maquillada dando un discurso, el libro en mi regazo, la prosa sórdida flotante. Aquel instante en que quise morder tus labios. Ojos verdes azulados, azul verdosos. La manía de confundir absolutamente todo. La certeza totalmente incierta de necesidad completa repartida partida en dos. Las dos caras, la misma moneda que no puede caer de ambos lados simultáneamente.
Ser agua, viento, tierra. Estuve largo rato esforzándome en imaginar como sería ser agua, como sería escurrirse entre las cosas, dejarse llevar, ser incolora. Largo rato de concentración para imaginarme sin cuerpo, imaginarme viento, imaginarme aire. Largo rato de madrugada inmóvil sobre la cama, olvidando los pies, las piernas, los brazos, la panza. Peso muerto sobre la almohada, peso muerto sobre las sábanas. Totalmente convencida de que podría levitar, sostenerme en el aire, ser aire. Esfuerzo arduo para la mente en blanco, para la conciencia de no conciencia, de conciencia abstraída de tiempo y espacio. Pensarme alma, pensarme más allá de carne concentrada bajo una piel, de órganos funcionales, de sistemas digestivos, circulatorios, nerviosos. Pensarme espíritu. Pensarme planta. Ir naciendo de a poco, ir floreciendo. Darme la cabeza contra la pared: la dificultad dificultosisima de imaginarse en otro cuerpo descubierta, imaginarse en otra forma. Como sentirse vivo dentro de algo que no se sabe como se siente. Imaginarse cuadrado, triángulo, rectángulo; imaginarse línea, punto, coma, palabra. Alma levitando. Dedos totalmente muertos, sentidos dormidos, apagados. Sólo la leve, sutil, serena, conciencia de vida, breve y sutil espasmo como gotas de agua que cae de la respiración. Pensarse gota de agua; lluvia. Precipitar. Abrazar tu rostro. Podría también ser lágrima, ser tu llanto, precipitar desde tus ojos. Secarme, evaporarme, ser aire. Perderme en el espacio. Ser nube. Volar. Ser sólo un átomo de cualquier otra cosa. Ser sólo esa partícula, nada más.
La saliva de un perro cayendo al pasto seco. Serena miseria padecen los resignados que esperan nacer en otras vidas. Postergando revoluciones, cristianismo profano, sádico, aplastando manos, prolongando esperas. Mirar hacia fuera, lo más lejos posible, lo más arriba posible. Hacía adentro hay un agujero negro, te come, te carcome, te susurra. Si entras morís o naces (si entras y logras volver). Adentro están todas las raíces, tu cuerpo es la flor, tu tronco, tus ramas, tu verde.
Tuve una punzada terrible en el estómago y el impulso siempre abstracto de escapar tomo extrañamente cuerpo cuando tomé impulsivamente las llaves, el abrigo y la cartera -con lo que tuviera adentro- y salí disparada hacia la calle. Supe que la angustia no era necesaria causa del suicidio al postergarlo un tiempo más...
Alfonsina no se suicido, pensé fervientemente cuando volvía, los huesos calados por el frío, las manos en el bolsillo del tapado, dejó sus palabras como uñas que se aferran a este mundo. Entonces tranquilicé -imaginariamente, abstractamente, tácitamente- a mi padre argumentando que no me podía morir sin haber vivido, que me iría sólo cuando pudiera irme y quedarme simultáneamente, encontrar esas uñas que me aferren al mundo para yo poder marcharme.
Leo con la mirada turbia. No lloro, cae frío líquido de mi nariz y cesa levemente lo turbio, las letras vuelven en sí. Pensé por un segundo la posibilidad de que fuera sangre, acerqué mi mano, pero no, el líquido era transparente... es que me siento en estado antecesor de desmayo, o antecesor de algo, algún tipo de desgarro, quiebre, muerte, colapso de algún sistema funcional de mi cuerpo. Pero no. Y cesa otro poco lo turbio y sigo leyendo, y sigo escribiendo. La mano torpe se desliza. La mano torpe revuelve el intestino, las entrañas, se arroja impúdica al medio del pecho, abriendo espacio entre medio de la piel, toma el corazón con los fríos dedos: contrae, afloja, contrae, afloja, contrae, afloja. La sangre circula, la piel alivia su terrible blancura.
El silencio antecesor al estallido. Pánico. Todos los habitantes en sus puertas mirándose los vecinos entre ellos con los ojos saltones. Y saltan. Ruedan por el piso. Pasa el camión hidrante de la policía y los aplasta. Los dejó ciegos a todos. Toda una población con bastones. Otra noche de bastones largos. Nadie golpeo a nadie, pero todos están ciegos. Ahora como no ven no temen, cesa el pánico, todos hablan. Hablan, hablan, hablan, llenan el aire de palabras, se convierte en bullicio y nadie escucha nada. Ciegos y sordos. Antes el silencio era palabra, el silencio hablaba, crujía. Ahora las palabras son silencios, no dicen nada; nadie dice nada. Ciegos, sordos y mudos. Explosión-implosión.
Siempre hay donde hurgar para reinventarse una vez más, por más cantidad de veces que vayan. Caperucita y el lobo ataron a la abuela y se encerraron en el cuarto.
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