
En domingos tan lindos, que no parecen domingos leemos cartas viejas, nuevas e inventadas. Soltamos tanta cursilería que un diabético se nos descompone de tanta dulzura y llamamos a la ambulancia. Allá fuimos, hasta tocamos timbre (al depósito de ambulancias). La guía T nos llevó a un lugar diferente con mismo nombre, es que amor y ambulancias quizás algo tengan que ver esos días que el corazón anda como una sirena roja llamando la atención y la gente se desmaya. Las historias se entrecuzan tan extrañamente que casi me gusta. El amor del que fue mi amor que ahora es mi amiga lee cartas que él le escribió y yo leo cartas que le escribí. Y el entrecruzamiento sigue pero tengo derecho de permanecer callada para no armar alboroto. Al Boroto. Borto-lotto (la santafesina más linda). Al puro botón. Botón con el que quise prenderte y después te prendí una de esas estrellitas navideñas, es que todo parecía tan diciembre con esas lucecitas de colores. Un veintinpico de diciembre ponele. Sí, vos ponele el número que quieras. Yo siempre quise contar con vos de alguna manera por eso me anoté en tu mismo horario para cursar matemáticas y me copiaba las funciones cuadráticas en los ratos libres de la clase (el resto era escribir poemas en los márgenes cuadriculados). Vos estabas tan lindo que entonces me olvidé de mirarte y empecé a escribirte, a dibujarte, a resaltarte con amarillo. Todo era amarillo esos diciembres y después el olvido, los paracaídas, las cartas que no mandé. Y después todos los después y los antes que siempre vuelven a traernos cositas cursis que ahora pegamos en la pared. Todo esta tan raro que casi me gusta. Todo esta tan cursi que casi me tiento, que casi me endulzo y te endulzo, que casi te baño en chocolate antes de comerte. Mezclo cartas, nombres, juego al poker y pierdo.
Es verdad, no nos enamoramos realmente del otro, nos enamoramos de todo lo que proyectamos en ese otro, de todo nuestro YO que ponemos en un VOS. Un narcisismo peligroso.
Entonces reformulo todo, sacudo la cabeza, me sacudo, me despierto. Me releo y me sorprende ciertas ideas que se repiten, hace tiempo que vengo buscando lo que busco. Algo logré: siento que cada vez encuentro camaraderías más ricas, compañeros más afines. No pongo en vos todo mi yo, no sufro, no genero vicios extraños de tenerte. Te aprovecho mientras estes, me pego fuerte a vos, te abrazo hasta casi ahogarte pero no te ahogo, te suelto antes y te dejo ir (y me dejo ir). No sé que tanto controlaré el cuerpo o que tanto el cuerpo me controlará a mi. A veces no decido, a veces me muevo sola hasta vos, los pies caminan sin que los mande siguiendo tu olor. Tengo mejor olfato ahora que devengo loba, enseguida desecho lo que sobra, lo que estorba y detecto más rápido lo que quiero. Sí. No. Más o menos, de vez en cuando. Hay ciertos vicios que me hacen falta, ciertas calesitas mentales. Salta la soga, venite de mi lado. Aprovechame ahora que estoy acá, mañana no sabemos. No soy una hija de puta por no saber que voy a sentir mañana cuando me levante, por no saber como me va a pegar el sol de la mañana tibia de otoño. A veces pretendes declaraciones importantes, grandes revelaciones sostenidas en el tiempo, y solo existen verdades efímeras, devenires, seres que mutan.
Hoy es navidad. Hoy, o ayer, o mañana, cuando vos quieras. La navidad tampoco existe, es un estado mental como todo lo demás. Si hay pan dulce vos destapá una sidra y brinda, que importa en que mes estamos, es lindo brindar, emborracharse mientras despedazo el pan dulce para sacarle esas horripilantes frutas secas.