martes, 31 de marzo de 2009

flia :)



Nos rodeábamos
como apareándonos,
yo lo recuerdo,
sentía tu latir acelerarse
al mismo ritmo que el mío,
y sabíamos que era algo
que íbamos construyendo juntos
con miles de acuerdos tácitos
que aprendíamos de pronto
y asumíamos con total responsabilidad
de saber que la vida del otro,
esa efímera vida que brotaba,
la teníamos también en nuestras manos
en construcción paralela con la nuestra,
y así, nos alimentábamos
recíprocamente
las almas esas, tirándonos comida
como animales salvajes
montándonos uno sobre otro los impulsos
jugando a que todo lo demás no era importante
era totalmente prescindible
absolutamente todo
menos nosotros dos andándonos suaves
el uno al otro
recorriéndonos como si nadie
mirara de el otro lado
aunque con un tercer ojo atento
a la danza de encontrarnos y desencontrarnos
en el aire,
a las líneas que se dibujaban,
el camino de nuestros deseos.

*

Que linda la FLIA =)
*siempre hay una flia por venir*

domingo, 8 de marzo de 2009

azúcar impalpable


Hay amores como de azúcar impalpable. Dulce en el aire e inalcanzable. Celeste era experta en estos amores, los coleccionaba en frascos de todos los colores y guardaba en su cocina. Esta azúcar deliciosa usaba para los más exquisitos postres, sin revelar jamás el secreto de tal condimento. Había una densidad en aquellos puntitos blancos sobre los diversos manjares que llamaba la atención a algún desatento invitado que pronto sentía el estómago colmado de anaranjadas mariposas que revoloteaban. Y de pronto, el invitado sin previo aviso reía a carcajadas, a veces de manera tan abrupta que saltaban sorbos de líquido de su boca en el caso de estar consumiendo alguna bebida en el momento de la avalancha de mariposas estomacales. Pero Celeste sonreía medidamente, tenía sobornados todos los ejércitos de insectos con raciones extras de canela y chocolate. Así, de tanto en tanto, podía cambiar los rumbos de los hormigueros o dirigir las orquestas de grillos según su antojo. Pero esto no la hacia feliz, era una mezcla rara de don y responsabilidad el manejo de luciérnagas, abejas y abejorros. Resultaba un pacto que a veces la hacia callada y extraña, el estar mirando de reojo los resplandores de luces donde se reunían entidades de otros reinos.
Celeste se enamoraba de nombres y ojos. Como si extirpara tres o cuatro cosas del sujeto y de ellas hiciera un culto secreto que usaba de condimento en las comidas. El azúcar empalaga a veces, entonces Celeste lloraba un poco para salar su plato. A veces iba hasta la casa de alguno de sus amores y dejaba en su puerta un frasco de caramelos y se iba. Así estaba cerca y lejos, impalpable como el azúcar de su amor, alimentando el alma del amado pero no su cuerpo, tocando en el aire las manos suyas, acariciando la misma densidad de los blancos puntitos llenos de carga emotiva, llenos de dulce expectativa que pronto se volaba en el aire y lo volvía pesado y caluroso. El sujeto receptor de tal regalo sólo percibía una parte de la compleja trama, sentía alguna pulsación al masticar los caramelos, algún espasmo repentino, pero pronto lo olvidaba y respiraba la pesadez del aire atribuyéndola a la humedad del día. El sujeto ensimismado en su propio mundo jamás sabría del complejo arte de dominar los insectos y pensaría que su diálogo inconcluso con las hormigas era producto de un insomnio cultivado a través de los años.
*

viernes, 6 de marzo de 2009

hormigueros



I.


y las palabras siempre serán palabras,
venía de otro texto hacía mi
nuevamente
recordándome lo inalcanzable
la admisión triunfante
o resignación nostalgiosa
de eso que buscábamos
y nunca iba a llegar
las palabras, muchachita de boina a la francesa,
siempre serán palabras
por más que te mojen como otra lluvia
el sueño
y anden surcando recónditos espacios
de la mente,
y vos,
que insistís en aferrarte a ellas
salvavidas para gente
que no sabe nadar,
te escondes adentro de sus paisajes,
¡pero él no te ve muchachita!
estás dentro mismo de su fantasía
y no sos más que el punto y coma ese
que puso después de la palabra amor,
sos un sonido de libélula
ese provocado por la repetición de eles
sos un juego gramatical
allí escondida,
yo sé, que afuera no hay más verdad
que allí dentro
y por eso es que no te tendí la mano
para salir.

a ver si te explico,
si me puedo hacer entender,
la rabia a veces es
destruir un hormiguero
y que luego
la pena de ver miles de hormigas desorientadas
y sin rumbo
te haga estallar en llanto seco,
como hueco, sin fondo.

espacio y tiempo,
saberte vivo,
allá, en algún lugar,
¡si casi te puedo tocar con el pensamiento!
sólo falta un poco de voluntad de tu parte
quebrantar la barrera pielymente
destruir tu lado y el mío
no hay abismo
no hay desiertos
somos bosque
río que fluye hacía un mismo lugar,
acabar las partidas uno contra otro
jaque mate a todos los errores
de enunciación
que hacen
que vos estés allá y yo acá
intentando explicarte esto.

un cuchillo que corte
las distancias.



II.

ya sin llanto
sin capricho
ni pucheros
la vi
tan llena de flores
todo su cuerpo
ya no hay ecos
no hay misterios
las voces siempre fueron voces
que volaban en el viento
y uno cazaba
con esas redes
de cazar mariposas
que sólo vimos en cuentos
-mejor, parece siniestro,
colgarlas en la pared
adorno seco, muerto,
mejor
pintemos mariposas de papel-
tu voz
me adormece
me abriga y me deja dormir allí
vos, no sé
a vos te acurrucan sus flores
y esta bien
yo me acurruco en lo que quede de vos
en lo que nos dibujemos en las paredes
de los cuartos que no compartimos nunca.