
Grrrr. Es lo que me sale decir. La palabra más justa aunque no sea palabra. Leo un rato, por curiosidad y pienso “que prototipo de mujer más trillada”. Ojala nunca sea así. Nunca, nunca, nunca, never. 365 días para conseguirme una vida mejor. Puufff. Es tan obvio el peso de la sociedad, de las costumbres, del rol de la mujer impuesto, que diría que me empalaga. Me empalaga Cenicienta, sí ¡me empalaga tu zapato de cristal y tu príncipe perfecto! ¿Es que nos quieren meter de chicas lo que tenemos que querer? Lavado de cerebros. Organizarnos en los núcleos-familias para el mejor funcionamiento de la sociedad. ¡Fracasado por no cooperar con el orden establecido! ¡Sí vos! Que te salís del prototipo y no cumplís las normas según tu edad y sexo. Vos, sentite mal y preocupate por amoldarte a la masa del resto, a imitar su molde si no lo aprendiste bien.
La parte 2 de este texto dice:
Que terca soy.
Parte 3.
Teléfono.
“No te ofendas con lo que voy a decirte pero deberías...”
Mi orgullo hace interferencia en el teléfono y no termino de escuchar la frase. No me gustan tus gustos, tus etiquetas, tus trajes de sastre.
Si busco con urgencia cambios es porque la monotonía hace al hábito y el hábito al monje y odio las iglesias.
“Estamos para cosas más importantes”.
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