
Estaba yo regando mi habitáculo cuando me distrajo aquel mosquito que salía por debajo de la brazada donde nos dormimos ayer y de donde todavía hoy no terminamos de despertar. Sobrevolaba las cosas con una prepotencia tal que al rato de mirarlo empecé a dudar si era él quién estaba usurpando mi espacio o era yo la irrespetuosa dama que sin permiso dormitaba en su habitación. Cómo no pude obtener respuesta exacta de ninguna de las dos hipótesis ya que ni el mosquino ni yo presentamos documento alguno que nos atribuyera la propiedad de esas paredes, me limite a quedarme quieta unos segundos más. Vos babeabas sobre la almohada ignorando por completo la cantidad de cosas importantes que estaban aconteciendo esa mañana. Al final llegó el acuerdo tardío: ninguno de los dos creíamos demasiado en eso de la propiedad de las cosas, así que dejamos librado el azar quién quedaría asentado allí por más tiempo. Volví de nuevo la espalda sobre la cama todavía tibia y miré detenidamente los puntitos negros del techo, tu brazo me rodeo entre sueños y el mosquito se me posó en la nariz. Estornudé sonoramente y diste un salto, me murmuraste algo que no entendí. Te expliqué que podíamos habitarnos sin nunca tenernos (nadie tiene nada, nadie tiene a nadie sonaba en mi cabeza como una canción sin música), no sé si me escuchaste pero me levante suave y acomodé mis cosas.
Hoy se me dio por distribuir los libros en diversas partes de la habitación, como para verme más rodeada de ellos. Separo cierta cantidad en espacios que improviso. Es bueno estar rodeado de universos. Los abro y me meto en ellos cuando quiero y cómo quiero. Me divierte la diversidad de formas de ver el mundo, por eso me entusiasmo por habitar cuerpos y después huir a otra parte. Estoy siempre viajando aunque me veas quieta ¿no ves? siempre llevo mi equipaje: algún libro, una lapicera, muchos papeles y volantes que me dan por la calle y que por apoyo al oficio de repartirlos agarré.
Hoy se me dio por distribuir los libros en diversas partes de la habitación, como para verme más rodeada de ellos. Separo cierta cantidad en espacios que improviso. Es bueno estar rodeado de universos. Los abro y me meto en ellos cuando quiero y cómo quiero. Me divierte la diversidad de formas de ver el mundo, por eso me entusiasmo por habitar cuerpos y después huir a otra parte. Estoy siempre viajando aunque me veas quieta ¿no ves? siempre llevo mi equipaje: algún libro, una lapicera, muchos papeles y volantes que me dan por la calle y que por apoyo al oficio de repartirlos agarré.
1 comentario:
MAru...Maru... esto si esta cambiado!
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