
La habitación llena de globos. Estamos tan grandes. Nos asustamos. Nos miramos. Nos alejamos y quedamos en rincones opuestos mirándonos. Nos escondemos. Hay un colchón de globos en el suelo. Parecen multiplicarse. Casi no te veo. Veo asomar parte de tu cabeza -un medio, después un tercio, después un cuarto- por entre las circunferencias inflables de colores. Si es que estas llorando no te veo. Yo estoy llorando y no me ves. Veo tus pies en un hueco entre esferas ovaladas multicolores. Estoy acurrucada. No sabemos jugar, nos olvidamos. Los globos son cada vez más grande, yo cada vez más pequeña, vos cada vez más lejos. Cuando era chica me daba miedo pinchar un globo... Buceo. Entre los globos, entre mis lagunas mentales, cósmicas. Naufragamos. Nos perdemos. Allá perdidos, tan lejos, nos encontramos. Te encuentro de pronto en un lugar sin contexto, te veo detrás de una estrella, asomándote detrás de una forma con forma de forma. Entre todas las formas distingo tu forma. Y siempre todas tienen los mismos patrones geométricos de la tuya. Sonrío y vuelvo. De pronto tenemos alfileres en las manos. Las uñas como alfileres. Comenzamos a pinchar globos. Veo tu rostro. Seguimos pinchando globos. Veo la mitad de tu cuerpo. Seguimos explotando los colores, devolviendo el aire encerrado al aire libre del mundo. Nos pinchamos. Nos explotamos. Devolvemos nuestras almas encerradas en cuerpos al mundo. Nos descubrimos. Mordemos. Nacemos.

Un día caminaba, te hablaba, y no me escuchabas -no estabas-. Buscábamos fervorosamente los puntos de las “ies”, las quintas, sextas, séptimas patas de todos los gatos, perros, nubes. Encontré una medalla en un cofre imaginario, me la guardé. Después tu cofre era el mío, tu cofre flotando en mi habitación. Entonces escribí en un papel un “te quiero”, para que lo encontraras cuando lo abrieras, para que lo supieras, para iniciar el dialogo semi cuasi espiritual. Ahora no tengo la menor idea de si habrás abierto el cofre alguna vez, me había olvidado, se disperso en el tiempo; y si es que había respuesta alguna yo tampoco volví a buscar... (hurgar en tu cabeza).
Y después, la acumulación de ausencias trajo olvido, postergación. Quedaron los instantes suspendidos, los capturé y guardé en un frasco con tapa a rosca. Las explicaciones no dadas, libro de quejas, histerias varias, pesan lo mismo, se perdió bajo la alfombra, se llenó de telaraña.

Había una vez un mundo al que íbamos, al que sabíamos llegar. Perdimos la llave, la puerta, las palabras mágicas para pasar.
(A vos ni sé si te importa, a mi ahora finalmente me parece simplemente un final, punto).
Ahora quiero dibujar otra puerta... Otro mundo...
Estoy destruyendo cerraduras a cada minuto.
Por entre los ladrillos veo una grieta... Vení, dame la mano, hay una hora exacta de la noche en la que se puede pasar.
2 comentarios:
Toda la sangre al colchon de flores!
gracias negra ^^
no estoy pasando por el mejor momento. y es lindo ke me lo digas :)
te quieroo.
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