sábado, 17 de mayo de 2008


Juana mira de reojo la sartén. Vigila el reloj, los zapatos, las baldosas, los agujeros, las telarañas, los poros de su piel. Se le va el día. La noche casi no la recuerda, apenas se pone el sol se acuesta a dormir. Las manos arrugadas tienen una historia en cada milímetro de piel, guardan roces, secretos, mentiras, cantidades de humo de habitaciones de hotel. Debajo de la cama quedaron otros tiempos, quedaron los tacos altos, las noches interminables, las resacas. Agendas viejas guardan millones de números con nombres que ya no traen consigo ninguna imagen. Del otro lado de la cama no hay nadie. Que raro ahora tanta soledad. Que extraño tanto silencio las madrugadas, ninguna respiración cercana, ninguna voz en el oído. Cuanto se llevó el río. Se rió cuando cayeron del ropero la pollerita de cuero y el corpiño rojo. Se rió con ganas y no lloró. No, no lloró. Atrás quedaron bocinazos de los autos, la cantidad de sobres de preservativos vacíos, la cantidad de espasmos, de orgasmos fingidos, billetes sucios. El espejo se burla de sus años, se burla de su historia, de sus manos. Las sábanas están tan limpias. Las vecinas vienen a tomar el té, hablan de las novelas, de las noticias, del aumento de la jubilación, del precio del kilo de papas.














¿Te conté de todos mis cuentos que cuento cuando no puedo dormir? Es que siempre hablamos tan poco...

Apila bibliografías como si fueran expedientes, historias clínicas. Los tiene separados por colores, en orden alfabético, en ficheros de diferentes tamaños. Tiene estudiada la proxemia de sus manos y las tuyas, las distancias, los contextos y sus consecuencias. Los olfatos en frascos con etiquetas de cinta de papel. Las manías encerradas, atadas con hilo de panadería en la percha de aquel vestido viejo que nunca usa, que tiene flores, que no está de moda. Tiene el empedrado de las calles pegados a sus zapatos y jamás pisa un charco de agua, jamás se moja. Nunca se desviste, siempre queda sobre la piel la cordura, la razón, las causas primeras, la lista del supermercado. Las libélulas se chocan con el vidrio de la ventana y mueren.

¿Te conté de la mariposa que se volvió larva por olvidarse de volar?
(no, ya sé... es que siempre hablamos tan poco).










3 comentarios:

Tats. dijo...

¿Te conté de todos mis cuentos que cuento cuando no puedo dormir?
Es que siempre hablamos tan poco...

Te quieroo negrita! precioso lo que escribiste, y noté en la foto ke te teñiste el pelo!

un beso enorme.

briones dijo...

rock and roll!


en el supuesto estilo de vida del rock, se da mucho el caso de hablar poco, no dura la situacion.
pero se divierte uno.

las fotos me recordaron algo asi jajaja

pero habra que pedir una prorroga, una vida creo que es suficiente. Antes de que te enfades.

Saludos
besos^^

•• Samanta •• dijo...

Hola Maru!.. primera vez que ando por aca, en lineas generales me ha gustado mucho el blog, es un espacio bonito con cosas que te dejan pensando... especialmente esta frasesita al final...

¿Te conté de la mariposa que se volvió larva por olvidarse de volar?
(no, ya sé... es que siempre hablamos tan poco).


Ayyyyyyy me dejo pensando...!... te aseguro que nos veremos seguido eh!!! (Te agregue al RSS asi si al menos no puedo darme una vuelta te leo en el mail)...

Besote!