(Rejunte)
I.
Como una flor carnívora
que se come el frío y el viento
seca el aire
aspira la húmeda densidad
y sopla las letras finales de todas las oraciones
irrumpe el caos fluorescente.
Como una flor carnívora
carcome impulsos
los hace saltar a borbotones
chispeantes desafiando la quietud del aire
la flor come el pasto verde
y las manos temblorosas.
La certeza de la duda
que acierta la grieta
propensa al quiebre
que hamaca el impulso
sostenido en el hilo transparente
de lo que no es.
Las formas deformes pendulan
entre realidad e irrealidad
buscándose justificación recíprocamente.
Lanzada la idea
en el aire se llena de polvo.
II.
Antro fechistoide
ron ron ron
chorrea la pared
impecable la piel
blanca
los ojos saltan
pool, si metes tu propio ojo perdés
ron ron ron
vidrio, cartón
espuma de la misericordia
saliva que silba intuición
al lado de la puerta
un borracho pide otra vuelta
huele la sangre
y se enamora de vos
y después
ahoga el amor
en un vaso sin fondo
nada nada nada
el amor misericordioso
y al final detiene sus brazos
y se deja vencer
ron ron ron
la espuma camina sola
se eleva en azul
antes de caer
verdes nuestras manos raíces
pero no sabemos florecer
cuero, liga, celofán
afuera diluvia desde el piso
o es que me caí otra vez.
III.
Frente a tu cadáver,
resistir,
mirar sin inmutarme
sangre fría
tu cara violeta
los labios que enmudecen los instantes
y los instantes que enmudecen tus labios
tiran extractos de mi pensamiento
de tu mano para que reacciones
aún sin comprender muy bien
la palidez de tu cuerpo
me recuesto a tu lado,
juguemos a que estamos los dos
durmiendo la siesta
dale,
juga conmigo de vuelta
este silencio me seca la garganta
me hace temblar las piernas
y no puedo correr
ni permanecer parada
me falta una letra
cada dos del abecedario
y todas las palabras
comenzadas con tu inicial
tu peso muerto
ese espectro azul a mi lado que me habla
me dice cosas
me quiere llevar
me tienta a irme con vos, a seguirte a donde vayas
me insita a empalidecer, dice que blanca me veo mejor
pura y quieta
tan calma, tan serena, con la vista fija en las vigas del techo
no!
resistir
frente a la nueva soledad de la ausencia
de tu cadaver que es
el modo en que nos relacionamos.

1 comentario:
Arlette,
la misteriosa poesía del sufrir.
Yo te he visto pensativa muchas noches
en la mesa del bar,
y tus ojos se perdían en distancias,
que cruzaban el mar.
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