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No sé si tengo hambre o ganas de comer. O es que a cierta hora me siento en la obligación de. O es solamente para ocupar espacio. Espacio en mi y espacio en el tiempo. Comer da una ocupación que parece importante, de vida o muerte. Me da una especie de pena o tristeza o un no-sé-que ver a la gente comiendo. Más que nada comiendo sola. Un momento de sinceridad absoluta devorando un sándwich de milanesa. Un momento donde no la esta careteando con nadie, donde no esta vendiendo nada. Un sujeto hundiendo sus dientes en una hamburguesa nauseabunda que deja escapar por todos lados líquidos de dudosa procedencia. Me acuerdo de mi abuelo poniéndole queso a los ravioles. De su mano temblorosa llevando la cuchara desde el platito del queso rallado hasta su plato, del queso cayendo por los costados de la cuchara en el curso de ese dificultoso trayecto. Me acuerdo de los bares de once. Ese once que en aquel entonces era otra cosa. Un barrio extraño de negocios de radios baratas. AM/FM. La estación de tren y la cumbia. La cumbia que también era otra cosa. La cumbia de vendedores ambulantes para el bolsillo del caballero y la cartera de la dama. No sé si tengo hambre o ganas de comer, o simplemente melancolía. Debería poder escribir algo comestible, algo que se pudiera morder, algo que alimentara. Pienso con ternura en Marce comiendo arroz. Llenando su plato de arroz hasta límites insospechados. Nunca vi a alguien comer tanto arroz con tanta felicidad. Me sonrió. Tengo arroz en casa para cuando venga Marce, le tengo que decir que venga a terminarse ese arroz que sino nadie va a comer. Esta acá para cuando venga. Para cuando vengan ella y sus ganas locas de comer arroz. Que no sé si será hambre o ganas de comer.
2 comentarios:
Ocupar tiempo, comiendo.
Las cantinas tiene esa magia mundana que a varios de nosotros logra conmover.
Hace poco fui a una, por el Congreso. Muchos viejos tomando vino, vendedores ambulantes, algún empleado escabiando. Como era media tarde, era la hora justa para empinar el codo y tomar.
Me senté ahí, con un libro y pedí pastas y un cuarto de vino tinto. Siempre pido pastas cuando como en esos lugares, porque la pasta es sincera.
Quiero leerte más escribiendo del mismo tema!
Sant.
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