miércoles, 2 de enero de 2013

13

Nuevo Año.
Nos apuramos en ordenar la casa, lavar las culpas, los platos y las bombachas.

Cada tanto hay que suicidarse y volverse a armar. Como el poema ese de la Plath.

Arrojarse al vacío, aguantarse el vértigo en la panza, bancarse la puntada, llorar lo que haga falta y prenderse fuego un minuto antes de levantar vuelo.

Hoy perdono una cucaracha, le progongo que si no se me acerca (y me evita el asco de su contacto) prometo no matarla. Le parece bien. Camina hacia la otra mesa. Se acerca por el respaldo del asiento a una cabellera rubia. Sigo comiendo mi pizza, su vida ya no me incumbe. 

Suena el teléfono. Esta vez lo atiendo. 

Anoto cumpleaños en una agenda con todas hojas blancas. 


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