Como muñecos a pilas, los
transeúntes se mueven a gran velocidad. Son caras sin caras, cuerpos sin alma,
respiraciones sin aliento. A veces los desprecio, otras les temo. A veces temo
verme así en el espejo, encontrarme arrastrándome sin sentido de un lugar a
otro en una existencia cíclica, juego absurdo donde todos pierden. A veces me
sorprendo en lugares imprevistos, me miro fijo, me observo inmóvil e
intrascendente, me siento a mi lado mientras ella (o sea yo) toma un café sin
gusto y no mira al costado donde yo (o sea ella) le recrimino con el gesto esa
muerte prematura, o sea la mía, o sea la de ella.
1 comentario:
hola!
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