Él que lo sabe siempre todo
y aún así no se espanta
de mis monstruos.
Él, que trae paz y terremotos.
Que sabe de estrellas, barcos, aviones y guerras.
Él que lleva su mochilla llena de libros, revistas, y una
campera por si tengo frío.
Hermano, amante, amigo.
(Él al que le preocupan los nombres
y yo que odio las etiquetas.)
Nosotros que mientras nos mordemos, peleamos, comemos en
carne viva, nos vamos dando cuenta lo difícil de soltarnos. Nosotros que
corremos a reconciliarnos porque nos mata la angustia de la ausencia, porque
habría que aprender de nuevo los días, volver a aprender la soledad.
Yo que no sé escribir cosas lindas, que me gusta escribirle
al que no tengo, que me gusta escribir la soledad, las miserias, los amores que
no existan, las despedidas eternas.
(Nada sé yo del amor
salvo desayunar juntos
y dormirme en tu hombro
en los colectivos.)
Él que insiste en enseñarme a no pensar y sentir.
Yo que insisto en un cuadro sinóptico de lo que quiero.
A mi que me gusta lo incierto, él que necesita verdad.
Yo que a veces me muero de tristeza cuando siento que no soy
lo que busca. Yo que a veces me muero de amor viendo sus ojitos. Yo que a veces
me muero. (Yo que soy medio ave fénix).
Esos días en que llenaría de chocolate tus bolsillos y me
comería de a una todas tus tristezas.
Esos días en que extrañarte duele en el pecho.
Desayunar con vos a cualquier hora. Ser feliz con vos a
cualquier hora.
Él, que habla de estrellas y brilla.

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