Como estupefacta
de los malabares esos
que haces para no caer.
Serpientes flacas
que se arrastran
en insólito laberinto de piel
guardan apenas dos hábitos
para reaccionar,
los demás
son siempre nuevos estímulos
que procesan y buscan
respuestas nuevas cada vez.
Algunos dicen
que es poco inteligente, poco veloz el proceso,
un tanto en retroceso,
al ver a los otros no pensar y hacer maquinalmente,
sin embargo,
un extraño grupo de seres de índole no descubierta
aplaude sonriente
el replanteo de todas las respuestas
y se ríe de como
la maquinaría social se mueve entera
como engranajes
sin que ninguno sepa bien porque
ni se reconozca dentro de ella.
Dicen que este grupo sin nombre
habita bajo las cuidades y sale sólo de noche
a veces pasean por los bares y hablan con raros sonidos mientras toman café,
a la mañana, antes que salgan los oficinistas,
y abran los subtes
desaparecen y sólo quedan garabatos incomprensibles en algunas servilletas
que en ocasiones un extraviado ser encuentra
y -para que ciertos secretos nunca sean revelados- es secuestrado bajo tierra
e incorporado a la sociedad secreta de seres deformes.
De vez en cuando
la tierra se moja de tinta,
brotan desde abajo las voces
de los que habitan otros mundos
pero dejan su aliento en las calles y en los adoquines.
de los malabares esos
que haces para no caer.
Serpientes flacas
que se arrastran
en insólito laberinto de piel
guardan apenas dos hábitos
para reaccionar,
los demás
son siempre nuevos estímulos
que procesan y buscan
respuestas nuevas cada vez.
Algunos dicen
que es poco inteligente, poco veloz el proceso,
un tanto en retroceso,
al ver a los otros no pensar y hacer maquinalmente,
sin embargo,
un extraño grupo de seres de índole no descubierta
aplaude sonriente
el replanteo de todas las respuestas
y se ríe de como
la maquinaría social se mueve entera
como engranajes
sin que ninguno sepa bien porque
ni se reconozca dentro de ella.
Dicen que este grupo sin nombre
habita bajo las cuidades y sale sólo de noche
a veces pasean por los bares y hablan con raros sonidos mientras toman café,
a la mañana, antes que salgan los oficinistas,
y abran los subtes
desaparecen y sólo quedan garabatos incomprensibles en algunas servilletas
que en ocasiones un extraviado ser encuentra
y -para que ciertos secretos nunca sean revelados- es secuestrado bajo tierra
e incorporado a la sociedad secreta de seres deformes.
De vez en cuando
la tierra se moja de tinta,
brotan desde abajo las voces
de los que habitan otros mundos
pero dejan su aliento en las calles y en los adoquines.
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