
Un señor de traje y de discurso fachistoide me saca un ojo con su paraguas en un día de lluvia. Logro atajar mi ojo en el aire. Ahora el mundo se puso rojo.
Hay mucha gente que da miedo. Los idiotas y los hijos de puta hoy están de negro.
Nosotros, nos ponemos la boina y salimos con una sonrisa. Llueve, el agua nos limpia.
No deja de sorprenderme esta especie. Que retorcido entramado de ideas tenes en la cabeza. Lavado de cerebros. Fuga de cerebros (de los nuestros en aquellos tiempos negros).
Escucho voces que no dicen nada y me aburro en el tiempo que tarda en prenderse y apagarse una luz. Me apago, callo, otorgo. Después grito, ilumino, proyecto, enhebro futuros reconstruyendo la historia. A veces me canso pero esa es otra historia. A veces me refugio en los poetas muertos porque ellos saben lo que yo sé que pocos saben y que algunos callan.
De todos modos hoy es un buen día. ¡Buen día sol, buen día día! Noviembre pinta lindo que sé yo le digo al expendedor de boletos. ¡No me tires Boecio! Tengo un vértigo que ni te cuento, por eso no miro para abajo. ¡Dale en serio! No empecemos de nuevo que ya estoy más vieja y me mareo más rápido, no es como a los cinco años que giraba horas en la calesita roja a toda velocidad. Me acuerdo la primera vez que me dolió la cabeza no entendía ese dolor, no sabía como llamarlo. El sufrimiento es aprehendido. El miedo, la vergüenza. Ahora sé nombres de muchas dolencias diferentes para poder diferenciarlas. Hemos crecido. ¡Buen día día! Estamos mejor igual, yo sé lo que te digo, este noviembre pinta lindo, y tenemos la mirada cada vez más enfocada, estamos aprendiendo a ver.
Aunque tengo los ojos rojos de algunas cosas que no quisiera haber visto, de esas cosas que no quisimos creer, el mundo se empaña de pasado, amanece rojo el día. Se veían unas nubes increíbles esta mañana desde mi aula en el pabellón tres.
El señor siguió con su paraguas, no me vio porque esta afligido, fue un mal día para él, camina rápido, malhumorado con su maletín choca a los demás transeúntes. Piensa en lo terrible de la muerte, en lo efímero de la vida, piensa en su familia. En las otras no. Los otros siempre son los otros. La tortura siempre pasa lejos, a puertas cerradas y al de apellido desconocido. Lo puteo un poco, me pongo el ojo y sigo mi viaje.










