¿A que tenes gusto apenas despertas?
¿A día, a luna, a sexo, a pesadilla, a vodka, a magnolia, a moscas muertas?
Quisiera comerte hasta entender lo que buscas.
No quiero romance.
Canibalismo. Arrancarte un brazo, los ojos, los dedos.
Que ricos dedos debes tener.
Y sin embargo mientras te como,
mientras te arranco los sesos,
casi me parece tierno, comerte de a trozos.
No te creo nada y no me importa.
Tus enredaderas me florecen y al menos me dan ganas de escribir.
Te creo todo.
No te creo nada.
Te creo todo.
Arrancarte un brazo y comerlo de a poco. Que me van a hablar de amor.
A ver si me sostenes la mirada cuando me corto un dedo y lo pongo en la parrilla para que te lo comas.
Hormigas se comían el cuerpo de un niño muerto hace tres días debajo del puente. Que me van a hablar de amor, con tanta carne pudriéndose bajo el sol, con tanto señor que almuerza muerte los domingos para celebrar su gordura con amigos que no dudarán en aplastar su mugrienta zapan cuando haga falta. Dedos como garras me hablan en otro idioma, me cuentan lo que vos no podes, se hunden en mi y los dejo, me dejo arrastrar por el delirio de las yemas de tus dedos blancos de polvo inca.
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